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El día que fui a recogerte a Busot siendo una cachorrita y se te acercó otro perro a olisquearte, te cagaste en su hocico. Automáticamente pensé: ¡Es ella! Ahora llevas más de un año durmiendo y sé que estarás la mar de a gusto, con lo que te gustaba a ti roncar… Muchas gracias por regalarme el consejo más valioso que nunca me supiste decir: aprende a hablar con la mirada. Un besito en el morro. Te quiero.