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Simón Zapata

Volver a esquelas

Parece que fue ayer, pero ya han pasado cuatro años desde que dejaste un hueco irremplazable. Te lo digo ahora en confianza, cuando pasó, pensé que nunca lo superaría, pero ahora tan solo tengo los buenos recuerdos que me dejaste.

Recuerdos que empiezan en torno a una mesa, mientras tu y mamá os llenáis el buche a los langostinos, mientras la abuela no deja de sacar platos a la mesa y te quejas de que ya tienes para comer durante 4 días. Y es ahora cuando me doy cuenta de que los rasgos de tu personalidad que me dibujan una sonrisa, ahora que no estás, son precisamente los que te hacían único.

Siento pena de no poder compartir más momentos de mi vida contigo, pero no la siento por las cosas que te puedas estar perdiendo, porque, abuelito, te has pasado la vida unas cuantas veces, y de eso no puedo más que sentirme orgulloso. Te criticábamos mucho… mira tu abuelo, como se le ocurre… Pero a toro pasado (como suelen ser estas cosas), me has dado una lección de vida muy importante. Vivir y disfrutar, son dos palabras que necesariamente deben ir juntas.

Porque yo prefiero, que cuando me recuerden y piensen en mi, lo primero que les venga a la mente sea ese “¡Que cabrón!” que se me escapa cuando yo, me acuerdo de ti.

Te quiero abuelito.